De cosas y personas
La vida nos enfrenta cada día a situaciones que van a probar a fuego nuestra voluntad, nuestro alma y nuestra entereza.
Nos enfrentamos a la gente y a las cosas, muchas veces como un auténtico desafío, para el que en la mayoría de las ocasiones no estamos preparados, ya sea porque hemos sido incapaces de aprender de errores del pasado, ya sea porque, sencillamente, hay cosas para las que ningún corazón está preparado.
Sin embargo, dentro de los desafíos, siempre preferiré que sean las cosas mi rival. Las personas representan, ellas mismas un desafío aún mayor para el que, probablemente, ya no tenga ganas ni fuerzas.
La ilusión es el más efectivo de los alicientes que nos hacen mirar las cosas de frente, que nos alimentan como la energía que necesitamos para vivir. Puedes enfrentarte a las cosas con el único aliciente de que no hay más cojones que hacerlo; tienes que trabajar porque de algo hay que vivir, y miras a los ojos a las enfermedades o a la muerte como diciendo yo estoy aquí, y de aquí no me voy.
Pero para enfrentarte a las personas necesitas de ilusión. Las decepciones, los miedos y las desilusiones que provocan las personas no lo provocan las cosas. Sin esa ilusión que te vacune frente a ellos, tienes la batalla perdida.
Alguien me dijo una vez que había que luchar por lo que uno quería. Pero quizás con lo que esa persona no contaba era que ese consejo sólo era válido frente a la vida en sí, no frente a las personas. Tu nula capacidad para influir en ellas, como gotas que se escurren en un paraguas, hace inviable cualquier intento. Podrás intentar mejorar en tu vida profesional, y si te lo propones, cabe que lo consigas. Sin embargo, todo intento que se refiera a las personas en vano por infructuoso. Nada de lo que digas o hagas hará que nada cambie.
Nos enfrentamos a la gente y a las cosas, muchas veces como un auténtico desafío, para el que en la mayoría de las ocasiones no estamos preparados, ya sea porque hemos sido incapaces de aprender de errores del pasado, ya sea porque, sencillamente, hay cosas para las que ningún corazón está preparado.
Sin embargo, dentro de los desafíos, siempre preferiré que sean las cosas mi rival. Las personas representan, ellas mismas un desafío aún mayor para el que, probablemente, ya no tenga ganas ni fuerzas.
La ilusión es el más efectivo de los alicientes que nos hacen mirar las cosas de frente, que nos alimentan como la energía que necesitamos para vivir. Puedes enfrentarte a las cosas con el único aliciente de que no hay más cojones que hacerlo; tienes que trabajar porque de algo hay que vivir, y miras a los ojos a las enfermedades o a la muerte como diciendo yo estoy aquí, y de aquí no me voy.
Pero para enfrentarte a las personas necesitas de ilusión. Las decepciones, los miedos y las desilusiones que provocan las personas no lo provocan las cosas. Sin esa ilusión que te vacune frente a ellos, tienes la batalla perdida.
Alguien me dijo una vez que había que luchar por lo que uno quería. Pero quizás con lo que esa persona no contaba era que ese consejo sólo era válido frente a la vida en sí, no frente a las personas. Tu nula capacidad para influir en ellas, como gotas que se escurren en un paraguas, hace inviable cualquier intento. Podrás intentar mejorar en tu vida profesional, y si te lo propones, cabe que lo consigas. Sin embargo, todo intento que se refiera a las personas en vano por infructuoso. Nada de lo que digas o hagas hará que nada cambie.
De ahora en adelante, y en la búsqueda de la mayor eficiencia emocional, centraré mis esfuerzos en las cosas materiales, en lo que sí es susceptible de influencia real. Las personas vienen y van; algunas quedan, pero ninguna permanece. Lo material es tangible y permanente; como dibujo en la arena que se borra al paso del viento, y gravado en piedra que queda para siempre.
La integridad personal y emocional deben quedar por encima de todo eso. El sufrimiento que causa la pérdida, el rechazo o el fracaso, no compensan nunca el posible éxito a alcanzar.
Simplemente dejar que las cosas pasen. Pasar por la vida dejando el mejor aroma, pero sin permanecer en ella. Y es que las personas se van, pero queda siempre la esencia. La sensación de haber sido consciente de que no hay más realidad que ésta, y que no hay nada que podamos hacer para cambiarla. Sólo, soltarse la mano y dejar que cada corriente nos lleve al mar.
La última experiencia me ha hecho ver que no hay sitio para la ilusión, ni para el afaz de mejora. Que somos lo que somos, y que sólo sabemos que auténtica realidad es que la vida son cosas y personas, y que pudiendo agarrarme sólo ya a las cosas, sólo espero poder seguir navegando por la corriente, sin esfuerzo hasta donde pueda llevarme.
TBB

1 Comments:
joder tio, que trágico, cualquiera diría que la gente va a por ti. No sé como no le plantas un par de huevos a tu situación y si tanto daño te hace esa gente de la que hablas, no les mandas a tomar por culo. Además, si eres igual de claro con ellos (o él o ella porque no se si hablas de tu pareja) como en el blog, no me extraña que pasen, porque chaval, no es que seas muy claro con lo que te pasa.
un abrazo
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