Ciao Tommy!!
La eterna búsqueda del hombre, para encontrar a Dios y al Demonio ha llegado a su fin. Durante milenios, el hombre ha creído en la existencia de un cielo y un infierno, encarnados en las figuras de Dios (en cualquiera de sus formas) y el Demonio (idem), para antagonistas del bien y del mal. Es búsqueda tenía como fin encontrar la respuesta para los más increíbles milagros y actos de bondad, y para las mayores de las atrocidades cuyo único límite se encuentra en la propia imaginación del ser humano. La eterna duda que angustia el alma del hombre, y cuyo único consuelo a veces era encomendarse a la voluntad de Dios y a sus renglones torcidos y caminos inescrutables.
Dios hizo al hombre libre para ser bueno y para ser malo, para obrar bien y para cometer las peores de las conductas que se puedan imaginar. Y con esa facultad, le convirtió en tenedor del poder del propio Dios y del Demonio.
La búsqueda ha concluido. El cielo y el infierno están en la misma tierra, pero sólo nuestra ceguera o nuestra fé (o incredulidad) ciega nos han hecho obviarlo, como los peores ciegos que son los que no quieren ver.
El asesinato del pobre Tommy no ha hecho más que afianzar esta idea; sólo el hombre (y la mujer), son titulares de la facultad de dar la vida o de quitarla. En ellos reside la figura de Dios y del Demonio.
Dios se manifiesta en todos aquéllos actos que implican el bien, la bondad y el sacrificio por los demás en pos de los más necesitados. Dios se encarna en la figura de los donantes de órganos, que dan parte de su vida para salvar la de otro. Como aquél millonario que dio un rillón a un afectado por el maremoto del sureste asiático. El dinero para él no era suficiente sacrificio, y dió parte de sí para salvar a otro.
El demonio se personifica en violadores, pederastas o asesinos sin escrúpulos, todos los días. Pero nuestra alma escarmentada de tanto sufrimiento y anestesiada por la acostumbrada vista del dolor, sólo atisva la presencia del demonio cuando sucecen casos como el de niño de 18 meses italiano, que padecía epilepsia, y que sus secuestradores asesinaron de un palazo en la cabeza porque no dejaba de llorar.
El Demonio reside oculto en el alma de los hombres, deseoso de liberarse y extender la desazón, la desesperanza y el dolor más allá de los límites de lo sufrible.
Olvidemos la búsqueda de la antítesis del bien y del mal, pues ya ha terminado. Ahora tocan otros miles de años de lucha contra nosotros mismos para acabar con el Demonio que se alimenta nuestras almas, y de nuestros más oscuros deseos y pensamientos. Por lo menos, tengamos uno para el pequeño bambino.
Ciao Tommy!
TBB
Dios hizo al hombre libre para ser bueno y para ser malo, para obrar bien y para cometer las peores de las conductas que se puedan imaginar. Y con esa facultad, le convirtió en tenedor del poder del propio Dios y del Demonio.
La búsqueda ha concluido. El cielo y el infierno están en la misma tierra, pero sólo nuestra ceguera o nuestra fé (o incredulidad) ciega nos han hecho obviarlo, como los peores ciegos que son los que no quieren ver.
El asesinato del pobre Tommy no ha hecho más que afianzar esta idea; sólo el hombre (y la mujer), son titulares de la facultad de dar la vida o de quitarla. En ellos reside la figura de Dios y del Demonio.
Dios se manifiesta en todos aquéllos actos que implican el bien, la bondad y el sacrificio por los demás en pos de los más necesitados. Dios se encarna en la figura de los donantes de órganos, que dan parte de su vida para salvar la de otro. Como aquél millonario que dio un rillón a un afectado por el maremoto del sureste asiático. El dinero para él no era suficiente sacrificio, y dió parte de sí para salvar a otro.
El demonio se personifica en violadores, pederastas o asesinos sin escrúpulos, todos los días. Pero nuestra alma escarmentada de tanto sufrimiento y anestesiada por la acostumbrada vista del dolor, sólo atisva la presencia del demonio cuando sucecen casos como el de niño de 18 meses italiano, que padecía epilepsia, y que sus secuestradores asesinaron de un palazo en la cabeza porque no dejaba de llorar.
El Demonio reside oculto en el alma de los hombres, deseoso de liberarse y extender la desazón, la desesperanza y el dolor más allá de los límites de lo sufrible.
Olvidemos la búsqueda de la antítesis del bien y del mal, pues ya ha terminado. Ahora tocan otros miles de años de lucha contra nosotros mismos para acabar con el Demonio que se alimenta nuestras almas, y de nuestros más oscuros deseos y pensamientos. Por lo menos, tengamos uno para el pequeño bambino.
Ciao Tommy!
TBB

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