martes, abril 18, 2006

De toros y crueldades

Esta mañana me ha llegado al correo electrónico uno de esos típicos e-mails que se dedican a denunciar alguna historia, alguna situación, normalmente política o de carácter relegioso. Esta vez ha sido un alegato en contra de las corridas de toros y la crueldad de la muerte de éstos.

Pues bien, yo, en mi línea de siempre, pues me gusta sacarle punta a todo lo que la gente dice, y paso a exponer brevemente mi opinión acerca de este tema y, lo que para mí supone una muestra más de la demagogia que se esconde tras este tipo de críticas.

No soy aficionado al munndo de los toros. Si acaso, a los encierros de mi pueblo, por aquéllo del riesgo y la velocidad. Yo he ido a Las Ventas un par de veces (invitado, of course), y me he aburrido más que chupando un clavo. No me gustan este tipo de espectáculos, pues no me aportan nada. Puede que no me gusten porque no me ha sido inculcado (como el caso del fútbol) pasión por este tipo de espectáculos, como tampoco lo he sido con otras muchas cosas...

Sin embargo, si hay algo por lo que no me gustan las corridas de toros es por su carácter sangriento. No me gusta ver sufrir a los animales, y, ciertamente, en estos acontecimientos sufren y de lo lindo, a veces, más si cabe de lo que es necesario para las propias artes de la tauromaquia (v. gr. los fallidos intentos de descabello, las penosas estocadas, etc...).

No obstante lo anterior, aún estando en desacuerdo con este tipo de acontecimientos, no podemos negar una serie de realidades incuestionables. En primer lugar es una tradición milenaria, como tantas otras, que no puede ser erradicada de un plumazo ni se peude criticar sin más a las personas que viven de ello, para ello y asisten con fervor.

En segundo lugar, miles de hectáreas de dehesas y prados con un elevadísimo valor econógico subsisten en nuestros días gracias a que sirven de lugar de pastoreo de las reses bravas y sólo la existencia de éstas justifica que aún sigan conservándose, pues la mayoría de ellas son cotos privados que no son objeto de conservación con cargo a las arcas públicas.

Y en tercer lugar, como pasaba como con el huevo de Colón, de no existir las corridas de toros, éstos no existirían, por ser ellos mismos producto del espectáculo que ellos mismos generan. Sólo quedarían ejemplares para el apareamiento con las vacas, pero que no necesariamente tendrían que ser reses bravas. Esa gente que critica con tanta facilidad y demagogia ¿se ha preguntado alguna vez cuánto cuesta mantener a un bicho de esos, que se tira 4 y 5 años follando y comiendo en praderas paradisiácas?. Pues un cojón y parte del otro, seguro. ¿Se harían cargo esos críticos de la crianza y cuidado de los toros y sus zonas de pasto a costa de su dinero?. Lo dudo, pero bueno.

Sin perjuicio de lo anterior, el trasfondo de estas críticas está la típica actitud "progresista" que se apunta el carro de criticar todo lo que huela a español. Los toros, la Iglesia (o, lo que es todavía mucho peor, a los católicos), etc... Eso sí, su Semana Santa se la han pillado como unos campeones. Si esta festividad tiene carácter religioso, y no lo eres, deberías currar no??. Serí lo suyo. Yo no me pillo puente en la festividad del Yon Qipur (o como se escriba), ni me pillo unos días con la escusa de hacer la peregrinación a la Meca. Esto es como si un agnóstico, un ateo o un comunista decide casarse por la Iglesia.

Y, por si ello no fuera bastante, obvian por completo la existencia de otras festividades o tradiciones tanto o más crueles con los animales que las propias corridas de toros. Véase matanzas de cerdos en los pueblos; se les quema vivos, se les atraviesa con un cuchillo de medio metro en el gaznate y se les despelleja cuando aún respirar, ¿se han fijado en los gritos del pobre animal?, pues eso. Lo mismo ocurre con la matanza por degollamiento de miles y miles de corderos en las festividades religiosas de los musulmanes, entre otras muchas...

Dejémonos de gilipolleces. Y si se critica la crueldad animal con tanto fervor, que se critiquen todas.

Pero si contemplar con pasividad e indiferencia la muerte de animales de forma cruel, peor es aún quedarnos con las manos cruzadas y la boca cerrada mientras miles de niños en áfrica mueren, o niñas en el sureste asiático son obligadas a prostituirse y a ser infectadas de SIDA.

De eso no se dice nada. En fin. Un poco lo de siempre.