Y como vino, se fue
Cuando parecía que había espacio a la esperanza, cuando la luz volvía a asomar al final de ese oscuro túnel que es el olvido, un espeso manto de desasosiego y tristeza ahogan todo sueño de algo bueno.
Las cosas buenas son especiales por efímeras, y se disfrutan más cuanto más difíciles son de conseguir. Se escurren entre los dedos como la fina arena del desierto, dejando no obstante pequeños granos que permiten recordar su breve transcurrir.
Al mirar atrás, siempre lo recuerdas; breve y bonito. Dicen, dos veces bueno. Lo recuerdas como algo que sabes que no volverá pero que siempre estará allí cuando cierres los ojos, en un eterno viaje en el tiempo que te devuelve a los años más felices... o a los más tristes.
Y ahora que se marcha empiezo a recordar ya. Comienzo a preparar la memoria para cuando tenga que hacer uso de ella, como allanando el camino a un recuerdo que debe ser peremne.
En un futuro, lejano o no, los buenos momentos se recordarán siempre con nostalgia. Asociados a aromas, canciones o imágenes, permanecen en el recuerdo como álbumes de fotos para las que el tiempo no pasa.
Y ahora que se marcha, me preparo para un adiós que me deja, de nuevo, en tierra de nadie, a medio camino entre la esperanza y la resignación, donde el sentimiento de amistad se convierte en un pequeño faro que guiará nuestros divididos caminos hacia un futuro incierto, en lo profesional, pero, sobre todo en lo personal.
Y ahora que se marcha, agradecido de su compañía, su amistad, sus bromas, su sonrisa, le tiendo una mano y le digo hasta luego para no decir adiós, pues el adiós sólo se dice para no volver a recordar, y eso es algo, para lo que no estoy preparado del todo.
Para Beni.
TBB

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