lunes, agosto 29, 2005

En San Sebastián de los Reyes se celebran todos los años unos de los encierros más importantes de España, y sin duda, uno de los mejor organizados. No obstante, el encierro del ayer domingo dejó más de 60 heridos, 2 de ellos muy graves, consecuencia de un tapón en la entrada de la plaza o callejón, mal llamado por los estupendos y competentísimos periodistas de este país como "puerta de los cobardes" (la conocida realmente como "puerta de los cagaos" se sitúa unos 250 metros antes, y sirve como punto de partida de los corredores hacia la plaza). Dicho tapón fue causado por la caída de una parejita que no tenía otra cosa mejor que hacer que correr los encierros cogiditos de la mano como dos gilipollas. Pero lo que causó la verdadera magnitud del incidente fue la concurrencia de 7000 corredores.
Un encierro consiste básicamente (y principalmente) en trasladar a los toros desde los corrales hasta la plaza donde van a ser lidiados. Aprovechando su traslado, los jóvenes corren delanter de ellos, arriesgando su vida, pero de manera consciente, y con una suficiente preparación física y mental, habiendo descansado y sin ingerir alcohol.
Sin embargo, esta tradición ha ido desvariando y prostituyéndose con los años, convirtiéndose en el coño de la Bernarda, donde salvo que estés medio desmayado del pedo que llevas, puedes correr. Corre gente con sandalias, zapatos de tacón, con cámara de fotos, mochilas, etc..., y, por supuesto, aquéllos que, habiendo bebido, son capaces de disimularlo, de tal forma que la Policía y Protección Civil no pueden identificarlos y sacarlos del recorrido.
Aquí puede correr cualquiera, como ha dicho el Alcalde del Ayuntamiento, porque no puede limitarse el aforo pues es una fiesta popular. Pues cojonudo, que se metan 7000 personas a correr y que sea lo que Dios quiera. Luego apelan a la concienciación de las personas y bla bla bla. Una persona que corre borracho delante de un toro no puede pedírsele que se conciencie, pues es, de por sí, un inconsciente.
En el encierro no sólo concurre en peligro de que te pille el toro. La diferente velocidad a la que los corredores acceden a la plaza, así como la diferente constituación física de unos y otros provoca empujones, tropezones y caídas, lo cual se incrementa exponencialmente a medida que crece en número de participantes.
La seguridad debe de estar por encima de todo, y si sólo pueden correr con relativa seguridad 2000 personas, el resto, que vea en encierro desde su casita. La solución frente a accidentes como el del otro día debe venir por la limitación del número de corredores autorizados, los cuales deberán quedar perfectamente identificados por un número o dorsal, que previamente deberán obtener si cumplen con las condiciones físicas, mentales y de indumentaria adecuadas. Así, por ejemplo, un señor de setenta años no podría correr, ni uno que estuviese clamorosamente entrado en kilos, o mujeres sin las condiciones físicas adecuadas.
Ahora bien, todo ello implica una logística cuyo coste nadie quiere asumir. Así, se podría crear una federación de corredores de encierros (con su seguro médico, sus cuotas anuales, etc...) que ayudase a sufragar dichos gastos. Pero es que en Sanse (con independencia del color del consistorio) son unos cachondos, y no sólo se dedican a presumir de lo bien que lo tienen montao y todo eso... (como diría Guzmán, con buena picha bien se jode, y como los gastos del Samur, Protección Civil y Policía se afrontan con el dinero de todos, pues alegría y barra libre para todos).
Lo más sangrante de todo esto es la ausencia de cualquier esfuerzo en los medios de comunicación por analizar las causas del tapón (fuera de las que son evidentes, como fue el tropiezo de una chica) y las posibles medidas a tomar. En mi opinión, y por de pronto, deberían comenzar a rodar cabezas, empezando por el concejal de seguridad, o el de festejos, los cuales, siendo conscientes del peligro que siempre implica el encierro del domingo, no tomaron medidas extraordinarias tendentes a evitar una desgracia que, sin duda, pudo haber sido mucho más grave.
La anarquía y la ausencia normal son el germen del caos, y caótico es el mejor calificativo que define lo vivido en el encierro del domingo. Si el derecho de las personas a correr delante de un todo debe prevalecer sobre la seguridad de los auténticos corredores, convertiremos los encierros en noticias de crónica negra, salpicando de sangre las sobremesas y los periódicos, y seguiremos preguntándonos cómo pueden evitarse esta serie de desgracias.
Desde luego, si seguimos pensando que la solución reside en apelar a la concienciación y buena voluntad de las personas, estaremos condenados a repetir este suceso, con la incertidumbre de qué puede ocurrir el día que corra un padre con su hijo pequeño o una mujer embarazada.
Como decía Einstein, lo únic infinito es la estupidez humana, y mientra no seamos capazes de darnos cuenta de ello, nuestros errores también serán infinitos.
TBB